Ya estoy harto de la vida misma, de las humillaciones y tus golpes, ¿escuchaste? Me has hecho olvidarme de mí mismo, no querer estar más aquí, huir a ninguna parte. Me denigraste. Contigo he conocido a la peor enemistad de mi vida después de mí mismo. Tu sola presencia me hace temblar, estremecerme de miedo cuando te hallas de frente, y odiarte a puños cerrados cuando vuelves tu espalda. Has creado en mí una paranoia, un ser demoniaco que me persigue por todos los rincones del mundo oscuro y residente en mi cabeza. Ya no quiero nada, ni estar aquí ni en ningún lado. Me has hecho temerle a la vida. No puedo estar tranquilo en ningún sitio, tu rostro me sigue, es algo enfermizo. ¿Por qué tengo que padecer esta situación? Desde que te lo dije mi vida cambió, junto con mi existencia; destrozaste mi personalidad, y mi orgullo está roto. Ya no valgo nada. Las ideas que tengo son fundadas y tú me las transmitiste.
Un día no necesitaré de nadie, porque mi espíritu se liberará. Ese día aparecerán arcoíris en el cielo, los verás y te acordarás, sabrás que estoy ahí, que te abandoné en el momento en que mayor confianza sentías.
Estaré triunfando sin ti, lejos de tu mundo, de tu saber, de tu existencia. Repugnaste mi cuerpo y alma, y pensaste que me dominabas, que lo que tú dijeras se haría ley. ¡Cuánta equivocación y estupidez! Ahora romper unas delgadas cadenas me parece de lo más sencillo, y me pregunto mil veces por qué no lo habré pensado antes, si son tan frágiles, tan débiles.
Aquí es donde extiendo mis alas y te miro desde arriba. No te digo adiós, no te lo mereces. Quizá sólo un socarrón "hasta nunca" venga adecuado. Aquí es donde vuelo al fin del mar, hasta el otro lado del mundo, lejos de ti.