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Gracias por visitar el pequeño nido del cisne.

Cuento con un pequeño compendio de escritos que van resultando de luces esporádicas de imaginación. Ratos de cielos color violeta sobre mi cabeza.


Escritor amateur, graduado de Letras, aunque lejos de los mejores honores. Aficionado también a la Historia y a la Filosofía.
Espero que encuentren amenos mis breves relatos. No aspiro a nada, pero me alegraré de saber si al menos una persona logró cautivarse un par de minutos. Supongo que eso hace la diferencia entre una rutina trazada y un devenir diferente.

¡Gracias de antemano!

miércoles, 27 de febrero de 2013

81. Tristeza invernal


Simplemente sentado ahí, no hay nada a mi alrededor, sólo dudas latentes acerca de mi existencia. Nada parece tener sentido en lo que hago, en lo que vivo. El aire que respiro es sólo malgastado por mi presencia.


Los copos de nieve se acumulan a mi alrededor, formando pequeños montículos curiosos, encerrando misterios entre sus fragmentos helados. Mi distracción es verlos caer, presurosos, tristes, aplastarse contra el suelo húmedo, desparramarse, hacerse nada.


Siento a mi mirada cristalizarse, siento que me quedo helado por dentro, que mi cuerpo se paraliza y que todo se hace piedra. Mi alma, mi sentir, mi corazón. La vida se escurre tras el silencio, se escapa con las ventiscas que se aprovechan de mi quietud. Dejo que éstas jueguen con mi cabello, no presto demasiada atención a lo que el entorno pueda hacer de mí. Nunca lo hice, en realidad. Y cuando llegué a hacerlo, sólo gasté mis energías.
Sólo soy un juguete...


 Imploro a los cuatro vientos, con el mutismo que me ha dejado mi pasado, dejar de sentir. Siento una tortura inadmisible cuando mi sangre corre por mi cuerpo, llega a mi cabeza, sólo quiero alejar todos los pensamientos de mi mente. Todos esos lugares que recorrí, todo lo que viví, todas las personas que he conocido... Sólo han sido para dejarme un sello maldito en mi mente y en mi corazón...
No tengo nada que compartir con el universo, y lo poco que comparto conmigo mismo ya me ha cansado...


Sólo en la profundidad de este invierno melancólico puedo encontrarme conmigo mismo. No hay peor tortura que la de hallarse junto a alguien más. El viento y los árboles secos viven en mutua soledad, y me abrazan cuando mi corazón se siente inundado de esa oscuridad plena a la que mi existencia le ha condenado. Sólo aquí, ante el frío glacial, puedo drenar mis penas, puedo sentirme en comprensión.
Toca mi alma, me tibia mis ásperas ganas de abandonar esta partida. Sólo aquí es donde me siento a gusto...




Amado invierno, compañero leal en mis horas de quiebre, hazme sentir vivo de nuevo. No quiero morir... Quiero alejar de mi cuerpo este dolor, esta pena profunda que me embarga. Haz que el sol brille de nuevo para mí, quiero vivir... Quiero sentir que la pesadez que me embriaga se desliza por mi piel, cae a la nieve y nunca regresa...
Funde este espejo que se ha quebrado en dos trozos...
Dame energías para continuar por este camino de la desesperanza, que un día bifurque y pueda ser feliz eligiendo la ruta correcta. Detén esta soledad, hazme regresar a la vida.



Los copos se deslizan por mis manos y por mi rostro. El frío no me importa, me podría calcinar como hoguera, pero sé que son las caricias de quien no me desampara.
Estoy en la espera de que rompas este conjuro, amado invierno. Detén mi llanto, grita mi nombre para no olvidarlo.
Estoy esperando que una tormenta helada se lleve lejos mis lágrimas, me lave por dentro, me deje listo para la vida.
Y mientras caigo de rodillas, no puedo evitar llorar amargamente.
El dolor no se va.

 

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